por Víctor Delgado

De viaje con un BMW 330e iPerformance: parte III

Tras unos 550 km de ponernos al día, las cartas ya estaban boca arriba en la relación entre el BMW 330e iPerformance y yo. No lo voy a negar, soy un conductor exigente bajo ciertas condiciones. No me refiero a la potencia, al menos en carretera abierta. Siempre se exigen unos mínimos en este sentido, claro, pero este alemán ha demostrado cumplirlos con creces. Mis exigencias en este caso van más encaminadas hacia el confort y la eficiencia.

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Como un guante

Sentirse cómodo a bordo de este coche es facilísimo. Las regulaciones que ofrece la postura de conducción de los BMW son casi infinitas, siempre que cuentes con asientos con regulación eléctrica. Es posible ajustar la longitud de la banqueta, la inclinación del respaldo y del reposacabezas, el apoyo lumbar e incluso el grado de apertura de los laterales del asiento que se encargan de la sujeción del cuerpo en las curvas. Así no tendrán problemas ni los conductores más delgados ni los más corpulentos.

El volante se puede poner también a la altura o la profundidad que se desee, con unos recorridos bastante amplios. Pero lo que de verdad me vuelve loco es el sistema iDrive, al que le dedicaré próximamente un artículo exclusivo. El mando giratorio (y táctil) se encarga de manejar todo el sistema de infoentretenimiento y queda en el lugar perfecto al apoyar el brazo en el apoyabrazos central delantero. Un diez en ergonomía.

Lástima de unas plazas traseras en las que tan solo caben bien dos adultos debido a un túnel de transmisión demasiado alto y voluminoso. Ya lo comenté en la segunda parte de mi viaje, así el detalle de que el maletero sea bastante pequeño para su segmento (370 litros), e impide colocar las piernas cómodamente. Pero al igual que dije en su momento, no creo que sean aspectos tan negativos como para no decidirse por la compra de este coche.

Un lobo con piel de cordero

El BMW 330e iPerformance cuenta con tres modos de conducción diferenciados. Son el Sport, el Confort y el Eco Pro. Están disponibles en el resto de la gama del BMW Serie 3 y determinan el comportamiento del vehículo a través de modificar la respuesta de parámetros como la caja de cambios, el acelerador, la dirección… o una suspensión que sigue sin alcanzar el grado de dureza deseado incluso en modo Sport.

En función del modo escogido el gasto del combustible es mayor o menor, siendo el Sport el que más gasta y el Eco Pro el que menos. Eso sí, con el modo Sport seleccionado la faceta dinámica del vehículo se vuelve casi perfecta. El sonido del motor es realmente bueno a pesar de ser “solo” un 2.0 de cuatro cilindros, y los 420 Nm de par motor máximo se dejan notar en el empuje.

Además, tan solo hace falta dar un pequeño toque a la palanca del cambio de marchas hacia la izquierda para cambiar al modo secuencial para que las sensaciones deportivas sean las máximas. De este modo, se puede manejar la transmisión a través de las levas situadas detrás del volante o desde el propio pomo que, dicho sea de paso, tiene un sentido lógico. Es decir, reducir marcha hacia adelante y subir marcha hacia atrás.

Un depósito un poco pequeño

Depende de la versión, pero el depósito de combustible de un BMW Serie 3 estándar suele ser de 57 litros en las variantes con un motor diésel y de 60 litros en las que incluyen un propulsor de gasolina. En este BMW 330e iPerformance el depósito solo puede dar cabida a 41 litros de combustible. Cierto es que gasta muy poco y que su autonomía se ve apoyada por el motor eléctrico, pero te obliga a parar más de lo deseado en estaciones de servicio.

En esta segunda etapa del viaje he hecho unos 500 km, aproximadamente, y la media de gasto se ha vuelto a quedar por debajo de los 7,0 l/100km. No solo es que se trate de una cifra excelente si tenemos en cuenta las características del motor, sino que el ritmo medio al que he ido ha sido superior a los 135 km/h en casi todo momento. Esto significa que, a 120 km/h, el consumo de combustible será mucho menor. Es algo que comentaré en la cuarta y última parte de este viaje.

Por último, y debido a la alta concentración de coches que salen de viaje con motivo de la Semana Santa, me he encontrado un atasco bastante frustrante que ha retrasado hora y media la llegada a mi destino. Sin embargo, me ha servido para experimentar otra característica destacable del BMW 330e iPerformance: al llevar la batería cargada a la mitad, en los aproximadamente 50 km de atasco casi no ha gastado ni una sola gota de combustible. Sabiendo que es una de las situaciones en las que más combustible gasta un motor es un alivio poder contar con ese empujón de autonomía… y ahorro.

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